Vestimenta
Cada año millones de animales sufren y mueren para confeccionar prendas de vestir. La obtención de cualquier producto de origen animal (sea este cuero, lana, o pelo) siempre implica la explotación de un individuo, y por lo tanto, privación de libertad, sufrimiento y/o muerte.
En el momento en que se “posee” o “tiene” a un animal para obtener de él un beneficio, éste deja de ser dueño de su vida, para pasar a ser propiedad de otro/a. De la misma manera que consideramos injusto que unas/os humanas/os pertenezcan a otras/os, ver a los demás animales como propiedades que podemos utilizar cuando nos plazca es injusto; tanto unos como otros son sujetos con intereses propios, que merecen ser igualmente respetados.
La explotación de los demás animales para la obtención de lana, cuero o pelo, es producto del mismo prejuicio que su explotación para cualquier otro producto de origen animal.
Toda forma de explotación animal se basa en la falsa idea de que estamos legitimados para utilizarles por el mero hecho de pertenecer a una especie diferente, (prejuicio conocido como especismo). Pero lo cierto es que, al igual que la “raza”, o el sexo, la especie de un individuo tampoco es relevante a la hora de respetarle.
Lo único importante para respetar el interés de alguien en vivir y ser libre, es su capacidad para sentir (sufrir y disfrutar), con total independencia de otras características irrelevantes como pueden ser el grupo al que pertenezca, su tipo o grado de inteligencia, sus habilidades lingüísticas etc.
Existen muchas alternativas a la hora de vestirnos que no implican la utilización de animales.
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